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Reflexiones


¿Es tu vida como te ibaginabas que sería cuando eras niño? ¿Cómo te ves dentro de 3, 5 o 10 años?
¿Eres feliz...?


Cuando me quise dar cuenta, las respuestas a la primera y última de estas preguntas eran “no” y para la segunda, simplemente no tenía respuesta.
No hay nada que aletargue más el espíritu de una persona que la monotonía. Un día tras otro, despertar, trabajar, regresar, tal vez una actividad que se considera entretenida pero que no me llena más allá del momento. Y al día siguiente, de nuevo, vuelta a empezar. Es una secuencia, una mecánica sin ton ni son, un bucle... 

¿Lo peor de todo? Que no tiene fin, y nada bueno nos espera cuando cesa.
¿De verdad quiero vivir el resto de mi vida así?



¿Es tu vida como imaginabas que sería cuando eras niño? No

De niño tenía un sueño. No el de ser un superhéroe o un famoso deportista. No el de ser una princesa o una gran actriz. Tenía un sueño real. Escribir.
¿Y ahora, qué me queda de ese sueño? La vida no me deja tiempo para hacer lo que más he amado siempre.

¿Eres feliz? No. Pero... ¿Qué puedo hacer?
 
Podría dejar mi trabajo, podría ponerme a escribir. Podría viajar por todo el mundo, leer todos aquellos libros que siempre he querido leer pero nunca he podido. Podría sentarme en una cafetería, abrir un cuaderno y empezar a garabatear... Podría...
Pero no lo haré. 
Siento miedo, el miedo me obliga a no luchar por mi sueño. La vida me ha obligado a dejar de soñar, porque tengo que comer, tengo que pagar las facturas, tengo que trabajar. Además, ¿Qué diría la gente? Nadie me daría una oportunidad. Luchar por un sueño imposible no es lo que los demás esperan de mí.
Estoy atrapado. Me siento preso de la vida, y no debería ser así.

Durante un momento, me voy a permitir soñar, sólo un poco más.

¿Cómo te ves dentro de 3, 5 o 10 años?

Con una pluma en la mano, sentado en una cafetería de una plaza cualquiera, de una ciudad cualquiera de cualquier país en cualquier continente... Escribiendo.
Me siento libre, inspirado, lleno de vida. Me siento feliz.
He dejado el monótono trabajo que tanto odiaba. Ahora cada día es nuevo y brillante aunque en realidad esté sentado en mi mesa de trabajo y haga lo mismo constantemente: Despertar, escribir... Y al día siguiente vuelta a empezar.
Me llena, porque cada palabra que escribo me hace viajar con la mente, vivir cosas diferentes, experimentar vidas que no son la mía. Mi mundo ya no es reducido, es un universo de imaginación.

¿Y lo mejor de todo? Que mucha gente lee lo que escribo. Viajan conmigo, viven y experimentan esas vidas conmigo, comparten mi mundo de imaginación.

Entonces lo comprendo.

¿Eres feliz? No, pero quiero serlo.
No hay miedo tan grande como el que siento cuando pienso que este sueño tan maravilloso jamás se hará realidad. 
Porque sé que si lo intento puede que fracase, pero es seguro que fracasaré si no lo intento.


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