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Escribimos VI. El tiempo de la narración.


Uno de los aspectos importantes de la narración, en el momento en que nos ponemos a redactar nuestra historia, y después de haber escogido el narrador que vamos a utilizar, tenemos que decidir el tiempo verbal que es más adecuado según lo que queremos contar.

A continuación daré algunos detalles de diferentes tiempos verbales para ayudaros a ver el potencial de cada uno de ellos.

El Pretérito Perfecto Simple (hice, amé, pensé...) es el más usado en la narrativa clásica. 
Nos habla de acciones que tuvieron lugar en el pasado, pero que fueron puntuales y no se repetían. 
Proporciona una gran agilidad a la narración pues permite pasar rápidamente de un momento del pasado al siguiente, sin embargo por sí solo resultará en una narración muy poco profunda, de modo que siempre será aconsejable combinarlo con otros tiempos pretéritos para dar más niveles de profundidad a ese pasado, a la historia que queremos contar.

Pretérito imperfecto (hacía, amaba, pensaba...) 
Se refiere a algo que se repetía o era habitual en el pasado, se usa principalmente para hablar de estados psicológicos ya que ilustra muy bien el estado de ánimo del personaje en el momento de la historia que deseamos narrar con el pretérito perfecto, por ejemplo.

También sirve para hablar de un pasado muy lejano, más allá del tiempo de nuestra narración. Sin embargo hay que saber controlar el uso de este tiempo, si nos pasamos, el texto puede resultar pesado y lento.

El Pretérito Perfecto compuesto (he hecho, he amado, he pensado...) y el Pluscuamperfecto anterior (hube hecho, hube amado, hube pensado...) son las herramientas de profundidad del texto y de los personajes. 
No se usan por sí solos en la narración, sino siempre en combinación con otros tiempos ya que no sirven para la acción y harían que el texto fuese meramente reflexivo, sin movimiento. Son los tiempos perfectos para los flashbacks y la descripción psicológica y de los estados de ánimo de nuestros personajes.

Por otra parte, si usamos el Presente (hago, amo, pienso...) estamos narrando nuestra historia de manera completamente diferente, la contamos al mismo tiempo que ocurre. 

Ni el narrador ni el lector tienen apenas tiempo de procesar los hechos, lo que da lugar a un texto más inestable y en ocasiones algo caótico. Sin embaro al mismo tiempo hace que la narración sea ágil, imprevisible y que enganche al lector. Puede ser muy recomendable, pero hay que tener cuidado pues con este tiempo verbal puede quedarnos un texto demasiado superficial y con personajes con una psicología poco profunda. Es ideal para relatos y cuentos breves.



En cuanto al Futuro (haré, amaré, pensaré...) es del todo poco común en la narración, lo habitual es su uso en los diálogos, pero no se recomienda su uso en el cuerpo del relato.



El Modo subjuntivo, por su parte, nos indica acciones probables, de las cuales no se tiene una certeza absoluta. 

Se usa para dar breves pinceladas (que yo le amase, no cambiaría nada), para hacer hipótesis sobre lo que vaya a pasar (es posible que él venga a por mí; quizá ella le ame...) o hablar de deseos futuros. (Ojalá fuese diferente)



Espero que estas directrices os ayuden a emprender la ardua tarea de redacción de vuestra historia. Próximamente nuevos consejos para esta fase tan importante del trabajo del escritor, ojalá os ayuden a avanzar mejor y más rápidamente. 


Como siempre, para cualquier duda, pregunta o sugerencia, ponéos en contacto conmigo.


¡¡Nos leemos!!

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